EDatificación

En el sistema educativo español es tradicional que el curso comience con la publicación “Datos y cifras”, un librito de unas 50 páginas llenas de gráficos generados de forma automática con la información estadística de la que dispone el Ministerio (alumnos en el sistema, centros, docentes, implantación de la tecnología, etc.).

De alguna manera esta publicación, que se edita de una manera muy similar desde hace quince años, empieza a representar el pasado en la relación entre datos y sistema educativo en nuestro país.

Y es que la datificación o lo que es lo mismo, “asumir el valor decisivo de un conjunto de datos enormes que no existe en cantidades más pequeñas” -y que tan bien describe Mosiri Cabezas en su blog-, emerge en los contextos educativos.

Empieza a construirse lo que aquí denominamos la edatificación: todos aquellos cambios que el sector educativo va a experimentar en los próximos años gracias a la implantación de las técnicas y las estrategias de gestión de grandes volúmenes de datos. Hablamos de un proceso transformador como en su día fue el de la digitalización o previamente el de la informatización.

A día de hoy podemos atisbar algunas de las consecuencias, positivas en este caso, derivadas de la edatificación: experiencias de aprendizaje a medida generadas en tiempo real, más y mejor información para que los profesores gestionen sus grupos de forma personalizada, mejorar los resultados, incrementar las posibilidades de administrar mejor los centros educativos… e incluso el propio sistema. Pero habrá muchas más que aún no somos capaces ni de imaginar.

No hablamos de tecnología (big data) sino de los efectos de ésta en la vida de las personas y en los procesos de aprendizaje.

Algunas reflexiones sobre el momento edatificador estamos viviendo:

  • ¿Hay que saber para qué queremos los datos? Obviamente sí. Pero teniendo en cuenta el momento incipiente en el que nos encontramos hay que estar muy dispuesto a asumir que pueden aparecer otros objetivos que ahora mismo no tenemos en cuenta.
  • Los datos están ahí. ¿Solo? hay que recogerlos y procesarlos. Eso sí, cada vez es más fácil y económico hacerlo.
  • La cantidad ayuda a entender la singularidad. Es quizá uno de los axiomas de este proceso. Cuantos más datos se tengan en cuenta más personalizado va a ser el resultado y más eficaz el beneficio.
  • Lo inmedible empezará a medirse. Otro de los grandes desafíos. ¿Somos conscientes de imaginar todo aquello que se puede medir?
  • La casualidad deja de ser casual.
  • Los datos no caducan. Se transforman. Siempre pueden analizarse de otra manera, en otro contexto, con otro objetivo…
  • Los ecosistemas datifican. Datos llaman a datos. En un mundo tan conectado como el actual, en el que los espacios en redes sociales están cada vez más cerca de los entornos de aprendizaje, por ejemplo, los datos se interconectan entre ellos. El dato se relaciona para ayudar a obtener conclusiones distintas.
  • El dato debe ayudar a mejorar el sistema educativo o los procesos de aprendizaje. Si no es así, no será edatificación. Será otra cosa.
  • El dato debe ser de su dueño, que tendrá que ser siempre consciente de que lo cede para crear un entorno educativo, pedagógico y de aprendizaje mejor. La agresividad comercial, administrativa o similar acabará siendo el peor enemigo de este proceso.

El proceso edatificador se pone en marcha teniendo en cuenta que también deberá medirse a sí mismo. Su rumbo irá cambiando a medida que se transforme tanto el origen de los propios datos como las conclusiones que se quieran extraer de ellos.

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